Una escapada “REAL” en Sanabria

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CASTILLA Y LEÓN ESPAÑA ZAMORA

Hay lugares muy especiales en toda España donde poder disfrutar al máximo de nuestra pareja. Uno de ellos, sin duda alguna, es la Villa de Puebla de Sanabria en la provincia de Zamora. Es una localidad única, presidida por un imponente Castillo y bañada por uno de los afluentes más importantes del río Duero.

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Uno de los mayores placeres es pasear por su casco histórico, declarado bien de interés cultural en 1994, y ascender por sus empinadas cuestas para tener unas vistas espectaculares de todo el entorno que rodea a esta Villa.

Nosotros elegimos para disfrutar de Puebla de Sanabria, la Posada Real La Pascasia. Después de barajar varias opciones, esta fue la que más se ajustaba a lo que queríamos. Buscábamos un lugar con encanto, algo único y que fuera muy especial para pasar unos románticos días. La Pascasia fue la mejor elección posible. Contaba con una cama comodísima, unas vistas espectaculares a toda la sierra y un jacuzzi de lo más relajante.

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Llegamos a Puebla de Sanabria en coche desde Madrid. El trayecto lo realizamos en menos de cuatro horas, por la  A-6 hasta Benavente y luego por la A-52 dirección Vigo. Elegimos ir en coche, aunque también se puede llegar en autobús y tren, porque queríamos disfrutar del Lago de Sanabria en plena época otoñal y así movernos nos resultaría más sencillo.

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Una de las cosas que más nos gusta hacer, cuando visitamos cualquiera de nuestros destinos, es ver todos los lugares de día pero también de noche. Puebla de Sanabria está increíblemente iluminada, y por la noche se resalta aún más ese carácter histórico que tiene toda la Villa. Para nosotros ese paseo nocturno fue muy especial. Cuando estábamos en el mirador del Castillo, viendo las increíbles vistas del río y la parte baja del río, comenzó a nevar. Fue toda una experiencia porque en pocos minutos todas las calles, callejuelas y rincones que habíamos conocido, las descubríamos ahora cubiertas de un manto blanco. Era como si fuera otro lugar diferente, una postal solo para nosotros. Disfrutamos como niños al ver como caían los copos de nieve a nuestro alrededor.

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Después de pasar varias horas caminando por sus calles,  incluso cruzamos el río para tener una visión panorámica de todo el conjunto histórico, decidimos volver al hotel. Estábamos bastante congelados y llegar a nuestra habitación y poder utilizar el jacuzzi con su agua caliente, mientras en el exterior nevaba como si no hubiera un mañana, fue todo un lujo.

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Y tras relajarnos durante un buen rato, nos dimos una ducha, nos arreglamos y nos fuimos a cenar al restaurante del propio hotel. Es un establecimiento muy en consonancia con toda la zona, por sus muros en piedra y unas grandes cristaleras. Pero realmente donde radica su encanto es en la parte de abajo, un lugar muy íntimo y acogedor.

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En esta planta es donde se sirven todos días los desayunos, las comidas y las cenas. Solo podemos decir, que la carta es excelente ya que la variedad para elegir es bastante grande para ser un local tan pequeño con tan pocas mesas. Nos dejamos aconsejar por la camarera, y optamos por probar todo lo que nos aconsejó.  Un entrante de boletus, carpaccio de buey, chuleta de ternera y terminamos con un helado artesanal de canela y tofe. Todo un acierto. La calidad del producto fue excelente, junto con la elaboración y su presentación, hizo que la cena fuera redonda. Aunque lo que más nos gustó fue la atención que nos prestaron en todo momento. Estamos muy agradecidos por sus recomendaciones y el buen trato que recibimos. Nos hicieron sentir como si estuviéramos en familia.

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Volvimos a subir a la habitación, porque afuera no paraba de nevar, y disfrutamos una increíble noche en el dúplex que habíamos contratado. Una de las cosas que más nos gustó y nos llamó la atención, fue la forma de mezclar la modernidad, con sus muebles minimalistas y de diseño, con la tradición al mantener muchas paredes con piedra vista. Toda esta mezcla aporta una calidez increíble para descansar durante la estancia.

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Por supuesto agradecer a todo el equipo que forma parte del hotel: Óscar, Sonia, Chus y a Chiqui y Gema del restaurante que nos acogieron como en casa e hicieron que nuestra estancia en La Pascasia fuese una de las mejores elecciones para pasar un fin de semana muy especial.

Y a ti, ¿te gusta este tipo de hoteles o  prefieres hoteles más convencionales? Déjanos un comentario con qué te parece esta Posada Real o qué nos recomiendas.

Escrito por KrrteAndo

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