Malas experiencias con aerolíneas según estos bloggers

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aéreo Bloggers

Para todos los que somos viajeros no hay nada más desquiciante que el protocolo de viajar en avión. Facturación, control de seguridad, embarque… Pero; ¿y cuándo no se realiza este proceso como tiene que ser?

A todos nos suenan palabras como overbooking, cancelación o retraso, sin contar con las pérdidas de equipaje. Y la verdad que estos procesos son día a día muy usuales.

Es por ello que hemos reunido a un grupo de bloggers para que nos cuenten sus experiencias en esos días críticos, que a nadie le gusta tener.

Olga de Charcotrip

Teníamos planeado pasar el puente del 14 de julio, esa fecha es la fiesta nacional en Francia, con unos amigos que vivían en Stuttgart, Alemania. Realizamos la reserva con Lufthansa meses antes. El plan era perfecto.

Poco antes de nuestro viaje encima habíamos visto que Alemania había pasado a la final de la copa del mundo y que ese día estaríamos allá. Aún mejor.

Con este ánimo cuando llegó el día del viaje estábamos con anticipación en el aeropuerto y nos encontramos con que el vuelo se había cancelado. Ahí empezó nuestro calvario. Ese día ya no había más vuelos hacia el mismo destino y después de hacer tres dolorosas horas de cola (en la cuales ni agua nos dieron) lo único que nos ofrecieron fue un vuelo al día siguiente.

Como la opción ofrecida no nos convenía al tratarse de un viaje de fin de semana la única alternativa que nos quedó fue tener un reembolso de los billetes.

Perdimos el dinero del estacionamiento en el aeropuerto, lo pagado por la renta de un auto pero lo que más nos dolió fue no ver a nuestros amigos y aún más dolió cuando Alemania se llevó la copa y no estuvimos ahí para celebrar.

La aerolínea alegó problemas meteorológicos, eso puede pasar, pero lo imperdonable fue ver la pobre gestión que tuvieron con la gente. Por eso a partir de ese evento evitó volar con Lufthansa lo más que pueda.

Álex y Trini de Janonautas

Son muchos años viajando en avión y pensábamos que las historias que tendríamos para explicar serían también muchas, pero por suerte no es así. El único caso que entraría en la categoría de anécdota nos sucedió en nuestros inicios viajeros y lo remarcable fue que coincidió con nuestra luna de miel.

 Estábamos en París, y antes de embarcar en el avión de Air France con destino Mauricio, informaron al pasaje de que había overbooking y que se iría llamando por lista, uno por uno, a los pasajeros que podían acceder al avión. Imaginad el follón que se armó y lo surrealista de la situación.

Nos tranquilizamos un poco cuando oímos que llamaban a Trini enseguida y pensamos que me llamarían a mí rápidamente. Al ver que no decían mi nombre fui a preguntar si yo estaba en la lista y resulta que no, que mi nombre no aparecía. ¡No tenía asiento en ese avión!

No sé qué cara de pena debí poner, pero una de las azafatas se acercó y me hizo entrar saltándose la lista por todo el morro. Trini, que ya se veía de luna de miel sola, y yo pudimos finalmente coger ese vuelo, pero el susto no nos lo quitó nadie.

Ana y Arancha de Vipavi

El embarque comenzaba a la hora prevista. Los autobuses nos llevaron a pie de avión y comenzamos a sentarnos en nuestros asientos. Todo parecía transcurrir con normalidad, cuando de repente, tres operarios suben a bordo y comienzan a desmontar una caja del techo detrás de la cabina de los pilotos prohibiendo a los pasajeros terminar de subir. ¿El problema? una bombillita del pasillo fundida.

Pasan treinta minutos, las voces de los pasajeros que aún no han embarcado se deben oír desde la torre de control, nadie entiende por qué no se puede subir por la parte trasera del avión.

Aquella situación se convierte en un caos. Yo me ofrezco voluntaria para poner la linterna del móvil sustituyendo a aquella bombilla que no quería lucir con tal de que saliera el vuelo ¡ya!

En ese momento la tripulación decide cambiarnos de avión. Cuando comenzamos a subir de nuevo en los autobuses, volvemos a recibir órdenes de embarcar en el mismo avión, la bombillita ya lucía. Finalmente, con casi dos horas de retraso llegamos a Marrakech, pero… la oficina del coche de alquiler ya había cerrado, por lo que tuvimos que dormir en el aeropuerto.

Irene y David de Tragaviajes

Tras 2 snacks, una película y una mini siesta – en total 5 horas de espera dentro del avión en Manila-, nos comunicaron que el vuelo no iba a efectuar su salida. Nos enviaron a uno de los mejores hoteles de la capital filipina. Con la preocupación de no saber cuándo saldríamos hacia Madrid no pudimos disfrutarlo como se merecía.

Nuestra única preocupación era no demorar mucho más nuestra llegada a España. Nos ponían una escala de más de 10 horas como tránsito a Madrid. No pudo ser y David perdió un día de trabajo, pero la pesadilla no terminaba ahí….

Al llegar a Barajas la mochila de Irene no salió por las cintas, se había extraviado en Qatar.

Todo quedó al final en un mal regreso. La mochila llegó a casa 8 días más tarde y un año y medio después nos indemnizaron casi la totalidad del billete de avión.

Sergio y Ana de Con billete de vuelta

Uno de los momentos “tierra trágame” de nuestro historial viajero, fue sin duda en un vuelo Madrid-Barcelona con Vueling. Después de un fin de semana intensísimo en el que vimos por primera vez a Springsteen en directo, nos tuvieron retenidos y atrapados en el interior del avión casi dos horas.

Lo más gracioso del caso fueron las excusas que nos ponía la tripulación: empezaron con el típico “fallo técnico” hasta acabar inventándose una tormenta inexistente en Barcelona que nos impedía despegar. A todo esto, nos estábamos asfixiando porque el aire acondicionado estaba apagado.

En definitiva, una auténtica pesadilla que, cómo no, duró menos de tres horas para que nadie pudiese reclamar. Eso sí, nos lo tomamos con mucha filosofía y recordando el momentazo en que el Boss y su banda tocó “The River” en el Bernabéu. Eso no nos lo quita ni Vueling, ni nadie.”

José de Zona viajero

El peor problema que recuerdo fue más técnico que de gestión. En un vuelo con la antigua Spanair, nos avisaron a mitad de trayecto de que teníamos que dar la vuelta por un pequeño fallo electrónico.

En aquella época los fallos en los aviones no eran nada habituales. Esto mezclado con que íbamos pocos pasajeros y en el primer vuelo de la mañana, hizo que la mayoría le prestásemos menos atención al aviso de avería que al discurso de despegue.

Casi todos continuamos durmiendo plácidamente hasta que al regresar vimos que para solucionar “la pequeña avería sin importancia” había dos camiones de bomberos esperando en la pista.

Nos tuvieron más de media hora esperando en el avión sin ninguna información adicional ni posibilidad de salir. Por suerte el vuelo acabó bien, pero ya nadie se volvió a dormir ni en el tiempo que pasamos esperando ni en el segundo viaje… Nunca se me ha hecho un viaje en avión tan largo.

 

La verdad que se quitan las ganas de viajar a cualquiera :). Damos las gracias a todos los compis que hoy estuvieron contándonos sus aventuras. Ahora si nos gustaría que nos contaras tu experiencia en un comentario.

Escrito por KrrteAndo

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