Entrevista Viajera a Sifakka

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ENTREVISTAS

De nuevo sábado y llegamos con la entrevista viajera. Hoy os presentamos a Sandra, una viajera enamorada de la fotografía. En su blog, Sifakka, encontraréis muchostrucos viajeros para dar rienda suelta a vuestra imaginación con una reflex en mano. Sin más os dejamos con la entrevista que le hicimos.

¿Quién está detrás de este blog?

Detrás de Sifakka está Sandra Vallaure, una enamorada de los viajes y de la fotografía que trata de combinar sus pasiones siempre que puede. Por mucho que intente evitarlo, a veces no le queda más remedio que ser turista en lugar de viajera. Siempre lleva la cámara colgada al hombro aunque siempre sea “la pesada de las fotos a la que hay que estar esperando”.

Disfruta con las pequeñas cosas como comerse un helado de pistacho, escuchar alguno de los discos de Adele, conducir (por la izquierda o por la derecha) y ver fotos de viajes pasados. Ávida lectora de novelas y cómics, desde Tintín hasta Blake y Mortimer, pasando por Lucky Luke, Spirou y algunos de superhéroes. Zurda de la cabeza a los pies, tiene un gran sentido de la orientación y un pésimo sentido espacial.

Es muy puntual y no aguanta la informalidad. Trata de combatir su inflexibilidad y aprender de los demás para ser más empática. Dicen de ella que tiene buen oído, al menos para los idiomas, porque la verdad es que canta fatal. Detrás de Sifakka está una persona normal y corriente que es perfectamente imperfecta.

¿Cómo empieza tu pasión viajera?

Mi pasión por los viajes surge muy pronto, con unos 5 años, mientras hojeaba en casa unos libros infantiles que hablaban de las selvas de Papua Nueva Guinea o del Amazonas. Las ilustraciones que aparecían me fascinaban y cada vez que leía esos breves textos soñaba con ir a docenas de lugares remotos.

Al mismo tiempo, tuve la fortuna (o la desgracia) de ir con mi padre al cine a ver “Indiana Jones y el arca perdida”. Esa película me marcó. Indy se convirtió en mi ídolo y durante toda mi infancia quise convertirme en arqueóloga. Finalmente no estudié Arqueología pero ahora no viajo nunca sin mi sombrero…

Con 7 años me marché a vivir a Marruecos y ahí fue dónde mis sueños de conocer otros países y descubrir otras culturas se hicieron realidad. Al principio me costó vivir en un país dónde todo era extraño y con un idioma diferente. Pero jamás les agradeceré lo suficiente a mis padres el haber organizado docenas de viajes en coche durante los cuales nos dedicamos a recorrer el país de cabo a rabo.

Si no llega a ser por ellos, nunca hubiera salido de mi zona de confort. Esos viajes junto a ellos, y todos los que vinieron después, son los que me han formado como persona.

¿Ha habido algún país que te diera problemas a la hora de viajar? ¿Qué te sucedió?

Soy una persona positiva y siempre trato de sacar lo mejor de cada viaje. Porque cada viaje tiene cosas estupendas y otras terribles. Viajar no es fácil y no es algo que tenga que gustarle a todo el mundo. Cuando vuelvo a casa intento olvidar los malos ratos y me quedo con todo lo bueno que he vivido, que normalmente es mucho.

No obstante, un país al que no volvería aunque me regalaran el viaje sería Madagascar. Ha sido la única vez que he tenido ganas de volver a casa. Y por desgracia, no sólo me ocurrió una vez durante el mes que estuve allí.

Imaginaba Madagascar como una isla exótica y exuberante, llena de vegetación y de fauna pero lo que encontré fue un país devastado por los cultivos masivos, destrozado por la erosión y con una fauna tremendamente difícil de ver. No puedo negar que la gente es tremendamente amable y que a pesar de su extrema pobreza (Madagascar es el 4º país más pobre del mundo) te dan todo lo que tienen. Pero eso no fue suficiente.

Cometí el error de visitar el país en un viaje organizado por la agencia Kananga y la experiencia fue desastrosa. El itinerario estaba muy mal planteado, la guía era una irresponsable que estaba ahí para pasárselo bien en lugar de hacer su trabajo y el país, en general, me pareció decepcionante. Excepto un par de lugares que me llamaron mucho la atención (el PN Tsingy de Bemaraha y l’Allée des Baobabs), el resto no consiguió entusiasmarme.

Si bien es cierto que no soy una viajera fácil de contentar y que no me emociona cualquier cosa, nunca antes, ni después, me he llevado un chasco tan grande. Fue una pena pero, por suerte, luego vinieron viajes increíbles.

¿Cuál es la anécdota viajera que nos contarías?

Vaya con la preguntita… Son tantas… Pero ahora me viene una a la mente que no olvidaré…

La segunda noche que pasé en Estambul hacía un tiempo de perros. Llovía a cántaros, el viento era insoportable y no se podía estar en la calle. Buscando un sitio para cenar me acordé de un pub irlandés que había visto siguiendo el tranvía hacía la terminal de ferris.

Entré con la intención de cenar pero cuando vi los precios cambié de idea y sólo pedí algo de beber. Es increíble lo caras que son algunas cosas en Estambul, especialmente todo lo relacionado con el ocio y la hostelería. Mientras curioseaba mi mapa de la ciudad pensado en la ruta del día siguiente, un hombre que estaba sentado en la mesa de al lado me empezó a hablar.

Me asombró su inglés. Allí son pocos los que lo hablan y menos aún los que lo dominan. Era el único al que había oído hablarlo aparte del personal del hotel. Y hablaba extraordinariamente bien.

Físicamente hubiese podido pasar por alemán o eslavo y en un principio pensé que era extranjero como yo. Comenzó a hacerme preguntas en tono amable sobre mi estancia allí y alguna que otra pregunta personal. Sin embargo, opté por pedir la cuenta y despedirme con educación: estaba cansada, tenía hambre y no quería que se me hiciese tarde para poder cenar en otra parte.

Al día siguiente mi idea era recorrer parte del Bósforo en un ferry del consorcio de transportes, bajar en una de las paradas y coger el autobús hasta la fortaleza de Rumelihisarı. El problema fue que cuando me bajé en İstinye no fui capaz de encontrar el autobús y nadie entendía una palabra de lo que decía. Estaba perdida en un pueblo de las afueras de Estambul sin la más remota idea de cómo llegar a la fortaleza o de volver a la ciudad, hacía un frío siberiano y empezaba a hacerse tarde.

Primero vi un autobús que parecía ser el que andaba buscando. Tras muchos esfuerzos, intentarlo con varios idiomas y al final optar por señalar objetos, comprendí que el conductor me quería decir que no salía hasta una hora después y un compañero suyo más joven tampoco me pudo ayudar, a pesar de poner todo su empeño.

Me puse a caminar, más bien a la desesperada, preocupada por haberme quedado tirada y sin un plan de emergencia. Iba consultando el mapa cuando casi me choco con alguien. Estaba tan distraída que no me di ni cuenta, hasta que escuché que alguien me preguntaba en inglés “¿No te acuerdas de mí?”. Me costó varios segundos reconocerlo. Era el hombre con el que había conversado la noche anterior en el pub. ¡Y me lo cruzaba justo ahí, en medio de la nada!

Le expliqué mi problema y me sonrió. Me contó había tenido un problema con el coche y que seguramente se había quedado sin gasolina. Me fijé que llevaba en la mano un bidón lleno. Su intención era volver a la ciudad, a los juzgados que están en Beşiktaş, porque trabajaba allí. Y se ofreció a acercarme, si quería. Desde allí, me dijo, podría coger cualquier autobús o tranvía hasta Beyoğlu o Sultanhamet. Incluso me dio su tarjeta. Fue mi ángel de la guarda.

Lo acompañé hasta su coche, donde estaban dos chicos jóvenes esperando dentro. Llenó el depósito de gasolina e intentó arrancar. Pero no pasó nada, ni tan siquiera se escuchaba el ruido ahogado del motor. Otra vez. Nada. Una tercera. En vano.

Lo miré con cara de “¿y ahora qué?”. Él lógicamente se tenía que quedar con el coche y llamar a la grúa. Pero todavía tuvo tiempo, de llevarme hasta la calle principal donde paró un dolmuş y le dijo al conductor que iba a Beşiktaş. Pagué, me despedí de él, después de haberle dado mil veces las gracias. No volví a verlo. Tampoco llegué a visitar la fortaleza de Rumelihisarı pero ¿qué importa eso ya?.

Transmitir a través de la escritura o de la fotografía, ¿qué prefieres?

Sin duda, prefiero transmitir a través de la fotografía. Es una disciplina artística que me encanta y me llena, aunque no le dedico todo el tiempo que quisiera, ni sé todo lo que me gustaría saber. En otra vida me gustaría ser fotógrafa de viajes y ganarme la vida profesionalmente con ello.

Las posibilidades que da una cámara de crear recuerdos imborrables, captar imágenes únicas, contar historias y emocionar al espectador son infinitas. Esa sensación de volver a vivir en tu interior una experiencia pasada sólo con ver una foto es algo increíble. La memoria puede llegar a ser muy poderosa, pero la ayuda de una fotografía puede conseguir que rescates recuerdos que parecían perdidos para siempre. Una imagen despierta sentimientos muy intensos y a mí me ayuda sobre todo a sentirme viva.

Sin embargo, tengo que reconocer que también me gusta mucho escribir a pesar de que, al igual que en la fotografía, no se me dé todo lo bien que me gustaría. En realidad, sé un poquito de muchas cosas y mucho de casi nada.

¿Qué trucos nos darías de forma rápida para tener las mejores fotos en nuestros viajes?

Efectivamente, mejor que lo haga de forma rápida porque este tema daría para varias entrevistas ¡o para un libro!. Estas son algunas de las recomendaciones que suelo dar a todo aquel que quiere volver a casa con fotos que merezcan la pena.

Lo primero y más importante es ir entrenando la vista viendo muchas fotos de otros. Eso te ayudará no sólo a elegir localizaciones si no también a aprender composición y a determinar qué tipo de imágenes te gustan más.

Lo segundo es aprenderse este mantra de memoria: “Practica, practica, y sigue practicando”. Equivocarse es la mejor forma de aprender. Al principio puede parecer un poco frustrante pero es la única forma de fijar conceptos.

Y por ultimo, no te desesperes. Yo he pasado por lo mismo que tú: cuando me compré mi primera réflex y me leí el manual de instrucciones, todo me sonaba a chino y pensaba que si salía del modo automático mis fotos serían una porquería. Poco a poco, leyendo, aprendiendo de otros, y practicando, logré perder muchos miedos. Si lo hice yo, tú también así es que ánimo.

¿Cómo es la documentación de tus viajes? ¿Anotaciones en papel o notas de móvil?

Mis viajes suelen estar muy documentados. El tiempo que le dedico a la preparación y planificación del viaje depende lógicamente del destino y de la duración, pero trato de investigar todo lo que puedo.

Cuando hablo de preparación y planificación no me refiero tanto a la parte logística del viaje, si no al aspecto cultural y fotográfico de mi destino. Intento recabar el máximo de información posible para saber de antemano qué, cuándo, cómo, dónde y por qué. Busco saber no sólo lo que merece la pena visitar si no también fotografiar.

Mis anotaciones siempre han sido digitales, aunque luego las imprimiera para tenerlas a mano. De esta forma, si se me perdían los papeles, siempre tenía una copia a la que podía acceder a través de mi correo electrónico. Ahora que viajo con una tableta, no necesito ningún papel. En general, suelo ser una persona digital.

¿Qué país que aún no hayas estado te gustaría visitar?

¡Qué pregunta tan difícil! Tengo tantos destinos en mente a los que me gustaría ir y el tiempo se escapa tan rápido que dudo mucho que me dé tiempo a ir a todos…

¿Sólo puedo elegir uno? ¿En serio?. En ese caso, mi respuesta es India. Es un país que llevo queriendo descubrir desde que era adolescente. Y aunque soy consciente de que no es un destino fácil por muchos motivos (y menos para una mujer), no puedo evitar sentirme fascinada por él.

Supongo que es porque soy una romántica… Tengo en mi mente imágenes de esa India colonial perteneciente al Imperio Británico en las que se entremezclan los maharajás rodeados de pompa y lujo y los británicos con su flema y falta de adaptación. Y aunque estemos ya en el siglo XXI supongo que algo de esa época dorada quedará.

Cuéntanos la experiencia con Biruté Galdikas, la mayor experta en orangutanes del mundo.

Antes de empezar con el relato permitidme una breve presentación de la Dra. Galdikas. Biruté Galdikas lo dejó todo en 1971 y se fue al sur de Kalimantan, el Borneo indonesio, para estudiar los orangutanes. Siguió los pasos de su mentor, el gran primatólogo Louis B. Leakey y de otras dos pupilas suyas (Jane Goodall, experta en chimpancés y Dian Fossey, que se centró en los gorilas). Ellas tres forman un grupo conocido como ‘Los Ángeles de Leakey’.

De hecho, sin la Dra. Galdikas lo más probable es que los orangutanes no existiesen hoy. Es una especie en peligro de extinción por  la destrucción de su hábitat natural y por la masacre incontrolada de parte de su población. Y es que algunos son capaces de pagar miles de dólares por tener una cría de orangután como mascota. Pero para eso hace falta matar primero a la madre.

En 2012, tuve la suerte de navegar por el canal que conduce a Camp Leakey, cuyas aguas son de color pardo. Ese tono turbio y opaco es fruto de la contaminación de los vertidos de una mina de oro que se encuentra río arriba. La vegetación está formada por unas palmeras endémicas de la zona que sobreviven a pesar de estar cubiertas, casi en su totalidad, por el agua. Más allá de las palmeras está la jungla. Y tras esos árboles, los fascinantes orangutanes de pelo naranja y mirada profunda.

Fue Andi, mi guía durante los 3 días que estuve en Parque Nacional de Tanjung Puting, quién me brindó la oportunidad de conocer a la Dra. Galdikas.

Tras asistir al feeding en Camp Leakey, una “ceremonia” que se celebra cada día en la que los voluntarios de la organización dejan comida a los orangutanes para que complementen su dieta, Andi me dijo que la Dra. Galdikas quería hablar con él.

Me mantuve en la distancia, pero al cabo de unos minutos, la Dra. Galdikas se giró hacia mí y se presentó. Y lo que empezó con un breve saludo y un ligero intercambio de frases, se convirtió en una larga conversación que duró casi 3 horas. Tuvimos que interrumpirnos porque se hacía de noche y nos teníamos que marchar.

Conocer a alguien como la Dra. Galdikas, con su fuerza, determinación y generosidad, es algo que no olvidaré jamás. Tampoco olvidaré a Andi, un hombre hecho a sí mismo, que me descubrió los secretos más profundos de la selva de Borneo y de los orangutanes.

 

Agradecer a Sandra la entrevista que nos concedió y si tienes alguna duda o quieres comentarnos algo, solo tienes que dejar tu comentario.

Escrito por KrrteAndo

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