Sidi Bou Said, balcón al Mediterráneo

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ÁFRICA Túnez

Cada país que visitamos tiene rincones increíbles que han de ser descubiertos. En este caso, en Túnez, estuvimos en un pueblo especial. Un pueblo situado a unos 18 km al norte de la capital tunecina y enclavado en una atalaya natural. A nuestros pies se encontraba un mar mediterráneo muy tranquilo con unas vistas espectaculares que jamás olvidaremos.

Los primeros datos de esta localidad se remontan a la época de Aníbal, como zona de defensa, y en la Edad Media fue conocida como Djebel el Manar (torre del faro), lugar donde el místico Abu Saed se asienta y convierte esta localidad en una zona de retiro y meditación. Es de esta última época de donde esta pequeña localidad recibe el nombre, pero además ha sido lugar de retiro para artistas como Sartre o Paul Klee entre muchos otros. Los españoles también tenemos nuestro pequeño rincón allí; ya que tras la expulsión de los judíos en 1492 muchos se asentaron es esta localidad, manteniendo costumbres del sur peninsular.

Desde aproximadamente 1915, esta pequeña localidad tiene una normativa por decreto erigida por la familia del barón Rodolphe d’Erlange para conservar y mantener toda la arquitectura y colores típicos de fachadas blancas y puertas, enrejados y celosías azules. Hay que destacar que sus puertas están decoradas con estilos tunecinos donde pueden verse además símbolos de convivencia de las tres religiones, la musulmana, la judía y la católica.

Todo el centro histórico es peatonal y se puede andar por el sin problemas, aunque cuidado con los adoquines. Una vez que lleguemos a la calle Habib Thameur, nos encontraremos a locales vendiendo productos típicos de la zona. Está lleno de cafés y restaurantes, galerías de arte y algún rinconcillo donde el olor a Bamballoni (especie de churro trenzado) está presente.

Para tomar un té de menta con piñones, especialidad que solo encontraréis en el norte del país, os recomiendo ir al Café des Nattes, es un café típicamente tunecino con mesas y esterillas para descansar descalzos. El té tiene un precio aproximado de 1,30€ y podréis fumar Shisha (una especia de cachimba pero con tabaco) todo esto ambientado con música de la zona.

Para cenar no dudéis en ir a Au Bon Vieux Temps, donde os recomiendo cualquier entrante de la carta y el Kabkabou, un plato de pescado delicioso típico tunecino.

En temporada baja se puede pasear tranquilamente por sus calles, pero en temporada alta, con la llegada de los grandes cruceros al puerto de la Goulette y a los resort de Hammamet, hacen que este pueblo esté bullente de actividad a lo largo del día y de la noche.

Pero al caer la tarde, os recomiendo que estéis por allí para ver como el sol cae sobre la capital tunecina.

Viaje realizado con el patrocinio de la Oficina de turismo de Túnez.

Escrito por KrrteAndo

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